Enrique Galván Ochoa 14/11/19 La Jornada

Ante el derrumbe del modelo económico neoliberal de Chile es necesario y urgente revisar el esquema de pensiones de México. El chileno inspiró la creación de las Afore en el sexenio de Ernesto Zedillo. En medio de la crisis, el gobierno decidió quitarse de encima la responsabilidad de los trabajadores y transfirió el asunto a un grupo de empresas privadas. Para los trabajadores fue una tragedia, para las finanzas públicas un alivio y para las Afore un gran negocio. Han pasado 22 años desde entonces. La realidad es que los millones de ancianos que tienen o lleguen a 68 años de edad sólo cuentan con la pensión bimestral de 2 mil 250 pesos del programa de ayuda a adultos mayores. Dicen los neoliberales que ellos tienen la culpa porque no trabajaron nunca. Es falso. Todos trabajaron, aunque sea en la economía informal. ¿O quién los mantuvo tantos años?

Pobreza hasta el último día

¿Y qué sucede con los que sí laboraron en el sector formal de la economía, en alguna empresa? No crean ustedes que el panorama es mucho mejor. Una persona que se jubile a los 65 años y que haya cotizado 2 mil 500 semanas, con un salario promedio de 4 mil pesos mensuales, recibirá una pensión aproximada a 2 mil 844 pesos al mes (además de los 2 mil 250 pesos bimestrales del programa garantizado por el gobierno). No es buena noticia que desde la Secretaría de Hacienda, por una iniciativa de la Amafore, la asociación de las Afore, estén maquinando una reforma legislativa por la cual aumentará la edad de retiro a 68 años y en vez de cobrar una comisión, el trabajador deberá pagar dos. Muy a su conveniencia, la Amafore colocó a su antiguo presidente, Carlos Noriega Curtis, como titular de la Unidad de Seguros y Pensiones de la Secretaría de Hacienda. Si eso no es tráfico de influencias, ¿cómo se llama?

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