MOSCÚ – En su libro de 2014 La cleptocracia de Putin, la difunta Karen Dawisha sostenía que la clave para entender a la Rusia de Vladimir Putin es el dinero. Mientras Putin le vendía historias a la población sobre restablecer la influencia global de Rusia, explicaba Dawisha, él y un círculo de secuaces de confianza amasaban inmensas cantidades de riqueza personal. Más que como un autoritario, nacionalista o revanchista, a Putin, en su opinión, habría que concebirlo como un estafador
En aquel momento, yo no estaba de acuerdo: si bien el dinero era sin duda importante para entender al régimen de Putin, no había que desestimar el impulso por la influencia global. Pero luego de la redada de las fuerzas de seguridad en el Instituto de Física Lebedev (FIAN) en Moscú el mes pasado, cambié de opinión.
Durante décadas, el FIAN ha estado en la frontera del progreso científico y tecnológico ruso. Así parecería que el instituto está idealmente preparado para desempeñar un papel central a la hora de promover las prioridades estratégicas que el propio Putin identificó en mayo de 2018: ciencia, innovación tecnológica y producción orientada a las exportaciones.
Sin embargo, el mes pasado, las fuerzas de seguridad rusas fueron al instituto para encontrar, detener e interrogar a su director, Nikolai N. Kolachevsky, sobre un supuesto plan por parte de la compañía Trioptics, que alquilaba oficinas en las instalaciones del FIAN, para exportar un tipo especial de ventana óptica a Alemania. Como la ventana tiene aplicaciones en actividades espaciales o militares, dicen las autoridades, exportarla podría minar la seguridad nacional.
¿Por qué los apparatchiks de seguridad de Rusia están tomando medidas que contradicen los objetivos políticos manifiestos del Kremlin? Algunos sostienen que simplemente han escapado del control de Putin. Durante 20 años, Putin ha venido instalando a sus ex colegas y amigos de la KGB en puestos de importancia en el aparato de seguridad y militar de Rusia. Estos llamados siloviki, u hombres fuertes, podrían haber acumulado tanto poder que hacen lo que les plazca, inclusive si esto implica minar los esfuerzos de Putin por volver a poner a Rusia en el sendero del progreso.
Esto es posible, pero no probable. Una explicación más factible es que el propio Putin esté en un conflicto. Si bien quiere poder pregonar los logros rusos en ciencia e innovación, también quiere enriquecerse lo más posible. Y, como observaba Dawisha, a la hora de elegir, el dinero está primero.
